Claves para dejar de quejarte

¿Te has parado a pensar la cantidad de veces que te quejas a lo largo del día?

Cuando haces click y tomas conciencia, empiezas a darte cuenta de que, casi de manera automática, protestas cada día por lo mismo. Además, las quejas te desgastan física y mentalmente. Y, no solo a ti, son molestas para las personas que están a tu alrededor, porque a nadie le gusta estar rodeado de gente quejica que le roba energía, ¿verdad?

Te propongo un reto: ¿te animas a estar una semana sin quejarte?

Te voy a dar unas claves para que te sea más llevadero:

Define qué tipo de quejas consideras negativas y quieres eliminar. Si algo es negativo pero no lleva emoción añadida, no es una queja. Por ejemplo: “está lloviendo” no es una queja, en cambio: “qué desastre, ya está lloviendo otra vez” (hay connotación negativa) sí que lo es.

Observa tus hábitos: ¿Te sueles quejar siempre de las mismas cosas-personas-situaciones? Eso te ayudará a estar alerta y detectarlas con tiempo para evitarlas. Si no haces nada por mejorar la situación, ¿de qué te sirve protestar?

Evita las personas o conversaciones de queja. Si surge una conversación negativa conviértela en sugerencias positivas. Por ejemplo: en lugar de “que desastre, ya está lloviendo otra vez”, podríamos decantarnos por “¿Y si vamos al cine aprovechando que llueve?”

Si ya has cometido el error de empezar una frase con una crítica o queja y te has dado cuenta utiliza la técnica del “pero…” enfocándote en lo positivo de la situación. Sirve para añadir a lo que hemos dicho ya negativo un giro positivo! Por ejemplo: “odio los atascos… pero al menos puedo escuchar esta canción que me gusta tanto en la radio”.

Cambia el “tengo que” por el “puedo”, “voy a”, “he decidido” como si fuera un logro. Por ejemplo: en lugar de “tengo que salir a correr”, “he decidido salir a correr para cumplir mi objetivo!”

Practica la empatía. Piensa en cómo se siente el que te está escuchando quejándote (o cómo te sientes tu si estás con alguien que sólo se queja).

Fluye. Déjalo estar. A veces sólo hay que aceptar las cosas. Si no puedes cambiar algo, no sirve de nada quejarte.

Estate atento a tus pensamientos. No sólo es aquello que decimos, sino también la que pensamos porque también nos resta energía.

¿Estás listo para empezar? Coméntaselo a las personas que te rodean para que se unan y así será más divertido!

La semana que viene me cuentas qué tal te ha ido.

Gemma Ramírez



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