No solo descarrilan trenes: también lo hace nuestra sensación de seguridad.
El grave accidente ferroviario ocurrido en Andalucía, en la colisión de los trenes que cubrían las rutas Madrid–Huelva y Málaga–Madrid, ha dejado una herida profunda: personas fallecidas, decenas de heridos que deberán recuperarse poco a poco de una experiencia extrema y familias atrapadas en la angustia de no saber qué ha ocurrido con sus seres queridos.
La reacción emocional ha sido inmediata y compartida.
El pensamiento ha sido casi unánime: “cualquiera de nosotros podría haber ido en ese tren”.
Esa identificación genera una empatía colectiva muy potente, pero también miedo, inseguridad y una activación emocional difícil de sostener en el tiempo.
Desde la Salud mental sabemos que lo que peor gestiona el cerebro humano es la carencia de información y la incertidumbre prolongada. No saber, no poder anticipar, no tener respuestas claras mantiene al organismo en un estado de alerta constante. Esto afecta tanto a quienes han vivido el accidente en primera persona como a quienes lo siguen desde fuera.
Los heridos no solo necesitarán tiempo para sanar físicamente: también deberán recomponer la experiencia vivida, integrar el impacto y recuperar la sensación de seguridad, algo que no ocurre de un día para otro.
Y las familias de las personas desaparecidas atraviesan uno de los estados más duros que existen: la espera sostenida en la incertidumbre y el miedo.
En medio de este escenario tan doloroso, ha emergido algo esencial: la respuesta solidaria de la ciudadanía.
Personas que se volcaron para auxiliar, llevar comida, mantas, agua y acompañamiento. Estos gestos no son solo ayuda material: regulan, sostienen y devuelven humanidad en momentos de caos.
Ante situaciones de crisis colectiva como esta, hay algunas claves importantes desde el cuidado de la salud mental:
🧠 1. Entender las reacciones emocionales.
Miedo, tristeza, bloqueo, irritabilidad o hipervigilancia no indican debilidad. Son respuestas naturales cuando la sensación de seguridad se rompe.
🌬️ 2. Bajar la activación para recuperar claridad.
Como explico en mi segundo libro Método CLICK regular la respiración, moverse con suavidad y reducir el ritmo ayuda a que el cuerpo salga del modo alerta y la mente recupere estabilidad.
😴 3. Sostener lo básico.
Dormir, alimentarse bien y mantener rutinas simples es una forma directa de proteger la energía emocional en momentos de impacto.
🚫 4. Limitar la sobreexposición informativa.
Informarse es necesario. Saturarse, no. Elegir cuándo y cuánto consumir noticias reduce la activación constante.
🤝 5. Apoyarse en los vínculos.
Compartir lo que se siente y acompañarse mutuamente es uno de los mayores factores de equilibrio emocional en situaciones así.
Las tragedias nos recuerdan nuestra vulnerabilidad, pero también nuestra capacidad de empatía, cuidado y respuesta colectiva.
Si alguien necesita orientación o acompañamiento para atravesar este tipo de impacto emocional —propio o de personas cercanas—, buscar apoyo especializado es una forma de cuidarse.
En momentos así, comprender lo que nos pasa, respetar los tiempos y sostenernos como sociedad también es avanzar.





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