Nos quejamos sin un objetivo, lo hacemos por desahogo emocional y no por cambiar algo.

“La lluvia, el bebé que llora en el restaurante, el jefe que te hace estar una hora más en la oficina, el autobús que perdiste y te obliga a llegar tarde… Situaciones que vistas con perspectiva no importan y en las que enfocarse es una pérdida de tiempo y energía. Si tenemos nuestras necesidades básica cubieras…¿no deberíamos ser más felices?

Las quejas triviales no sirven de nada. Aparte de anclarte en lo negativo, te impiden ser resolutivo para buscar soluciones. Además, las quejas te aíslan socialmente. Porque no nos gusta estar rodeado de personas que no paran de quejarse.

Un truco es darle la vuelta a las quejas en sugerencias positivas. Cuando alguien me cuenta que algo negativo sobre su trabajo, le pregunto si no cree que eso es señal de que debe buscar un nuevo empleo.

Los beneficios de esta actitud tienen dos caras.

  • Aumenta la sensación de felicidad.
  • Disminuye la de “estar quemado”.

Además, nos sirve para adquirir conciencia sobre la forma en la que nos comunicamos con nosotros mismos y con los demás.

No hay una fórmula mágica. Simplemente sé consciente cuando pase. Al darte cuenta podrás redirigir esa energía a aspectos positivos.

¿Te sumas al reto de pasar un mes entero sin quejarte?

Gemma Ramírez



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